Las clases 1 y 2 en Noruega tendrán más juego. ¿Qué dicen las investigaciones?
La escuela debe tener en cuenta distintos ritmos de aprendizaje
El primer curso ha cambiado en 20 años
Una de las diferencias se refería al juego iniciado por los propios niños. En 2001, 7 de cada 10 docentes declaraban dedicarle mucho tiempo. En 2021, menos de la mitad dio esa respuesta. En cambio, eran más frecuentes los juegos organizados por el profesor. Esta comparación se basa en declaraciones, no en una medición de los minutos dedicados al juego.
Al mismo tiempo, las actividades escolares se han vuelto más variadas. La mayoría de los alumnos de primer curso estudiados se sentían bien en la escuela, les gustaba aprender y habían encontrado nuevos compañeros. Por tanto, los resultados también muestran los puntos fuertes del inicio de la escolarización.
Desde la perspectiva de las familias, conviene observar qué entiende la escuela por aprender jugando. Un juego con una tarea establecida ofrece al niño posibilidades distintas a inventar su propia historia, construir o acordar reglas en grupo. En la jornada escolar puede haber espacio para ambas formas.
Los niños quieren conocer letras y tener con quién jugar
Encontrar amigos era muy importante para ellos. Para algunos niños, el comienzo resultaba difícil en un grupo donde no conocían a nadie.
De ello se desprende una sugerencia para las familias: también vale la pena hablar sobre el inicio escolar desde la perspectiva de las relaciones. Un niño puede alegrarse por una letra que ha aprendido y, al mismo tiempo, preocuparse por con quién pasará el recreo. Ambas cuestiones influyen en cómo vive sus primeras semanas en la escuela.
Más tiempo para el juego compartido puede ofrecer a los niños más oportunidades de conocer a sus compañeros y encontrar su lugar en la clase. Este es un posible beneficio de los cambios previstos. Sus efectos reales solo podrán evaluarse después de que se introduzcan las nuevas normas.
Muchas letras, poca lectura en voz alta
La profesora Elisabeth Bjørnestad, de OsloMet, que dirigió el proyecto, indicó que la lectura compartida debería ocupar más espacio en la escuela. La relacionó con el desarrollo del interés por los libros. En el caso de los niños multilingües, también destacó su importancia para enriquecer el vocabulario.
Para las familias polacas en Noruega, esta es una conclusión especialmente interesante. Es fácil evaluar el progreso en el aprendizaje de una lengua por lo que se ve en el cuaderno: letras escritas, palabras leídas y ejercicios realizados. También vale la pena interesarse por los libros que escucha el niño, las historias de las que habla y las palabras que empieza a comprender.
Leer juntos en casa puede ser una oportunidad para mantener esas conversaciones. Se puede detenerse en una ilustración, dejar que el niño imagine qué sucederá después o preguntarle qué piensa sobre el comportamiento del protagonista.
Más juego requiere espacio y atención de los adultos
Por ello, los científicos también recomendaron mejores condiciones de espacio y más educadores cualificados. Propusieron, entre otras medidas, la presencia de 2 educadores en las primeras clases con más de 15 niños. Se trata de una recomendación de los autores del estudio, no de un requisito adoptado sobre la dotación de personal en las clases.
Por lo tanto, el mero anuncio de más juego ofrece a las familias solo una parte de la imagen. También importa si los niños tienen dónde jugar. Asimismo, es importante que un adulto pueda fijarse en un alumno que está apartado y necesita ayuda para integrarse en el grupo.
Las pantallas ya deben ocupar menos espacio
La institución recomienda que la tecnología deje espacio para el movimiento, el juego y la conversación. También señala su utilidad para alumnos que necesitan apoyo adicional, por ejemplo ante dificultades de lectura y escritura. Los detalles se incluyen en las directrices de Udir sobre las pantallas en los cursos 1.º a 4.º.
Por ello, al evaluar la jornada escolar conviene fijarse en las actividades concretas. ¿Cuánto espacio hay para la conversación, el movimiento, el trabajo autónomo y el trabajo con el docente? La mera presencia de una tableta todavía dice poco al respecto.
¿Y qué ocurre con los niños que todavía irán a la escuela?
Las familias de los futuros alumnos de primer curso todavía no disponen de una descripción definitiva de la nueva jornada escolar. Sin embargo, las investigaciones sugieren de qué hablar ya ahora con el niño después de las clases. Además de preguntarle qué ha aprendido, se le puede preguntar por el juego compartido, la historia que ha leído o el compañero con quien ha pasado el tiempo. Estas respuestas ayudan a ver cómo se adapta el niño al primer curso.