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Redakcja
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11.07.2026 10:03
El agricultor tenía miedo de entrar en la hierba alta. Un dron reveló lo que se escondía en el campo
En Noruega está en marcha la temporada de siega de pastos y otras plantas. En la hierba alta de Sigdal se escondían crías recién nacidas de corzo. Cinco de ellas fueron encontradas antes de que la segadora entrara al campo, gracias a drones equipados con cámaras de infrarrojos.
El agricultor salvó la vida de crías de corzo.
Fot. stock.adobe.com/standardowa/STUEDAL (zdjęcie poglądowe)
Sindre Andersen se hizo cargo de la granja en Sigdal en enero de 2026. Ya había oído hablar de casos en los que crías de corzo morían durante la siega. Según informa NRK, estas situaciones también habían ocurrido en esta granja. La hierba en el campo, de 25 hectáreas, era alta, por lo que para el agricultor era imposible revisar manualmente toda la superficie.
Los drones despegaron al amanecer. Había que revisar el campo
La noche antes de la siega, Andersen contactó con la Asociación de Cazadores y Pescadores de Sigdal y Eggedal. El grupo local rápidamente pidió apoyo a la Asociación de Cazadores y Pescadores de Sokna. La ayuda llegó muy temprano. El piloto de drones Max Nensén llegó al lugar ya a las 4 de la mañana con otro operador y voluntarios.
Los drones trabajaron sistemáticamente sobre el campo. Nensén explicó que funcionan mejor cuando el aire y el suelo están fríos, ya que la cámara de infrarrojos detecta más fácilmente las diferencias de temperatura. En la pantalla aparecieron cinco señales de calor. Cada una de ellas indicaba una cría de corzo escondida en la hierba.
Los animales son víctimas accidentales de la maquinaria agrícola.Fot. stock.adobe.com/licencia estándar (foto ilustrativa)
Las crías permanecían inmóviles. El agricultor habla del miedo
Las hembras de corzo suelen dejar a sus crías en la hierba alta para protegerlas de los depredadores. El instinto de las crías les ordena quedarse quietas. Andersen declaró a NRK que, incluso cuando la gente se acercaba mucho, las crías no huían del lugar.
El agricultor admitió que, sin revisar el campo, la siega se habría realizado "con el corazón en la garganta". Añadió que los recorridos previos en coche o quad por el borde del campo no garantizaban que los animales se marcharan. Los voluntarios se acercaban a las crías con calma y luego las trasladaban a un lugar seguro antes de que comenzara el trabajo de la máquina.
Normalmente, durante la siega, las crías de corzo se colocan en cajas de cartón o se sueltan hacia el bosque. Sin embargo, esta vez regresaron al campo, por lo que Andersen construyó para ellas cajas ventiladas hechas de palets. Por la tarde, tras finalizar la siega, el agricultor abrió las cajas y la madre corzo ya esperaba al borde del bosque llamando a sus crías.
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